Page 6 - Nexos - Agosto 2017
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CABOS
SUELTOS
LA VOZ QUE SÍ ERA
Hay la vieja historia del agricultor ruso en tiempos del zar que un día de primavera oyó una voz interior que le decía: “¡Ivan Ivanovitch, siembra centeno!”. Sembró centeno cuando todos los otros campesinos estaban sembrando cebada y cogió la mejor cosecha de muchos kilómetros
a la redonda. Al año siguiente todos plantaron centeno, pero su voz le advirtió: “¡Ivan Ivanovitch, siembra cebada!”. Entonces alquiló un pedazo de tierra sin cultivar y sembró cebada con tal éxito que, aunque todos los demás se arruinaron, él ganó lo su ciente como para emigrar con toda su familia. Cuando llegó a Nueva York, su voz le dio nuevas instrucciones: “¡Ivan Ivanovitch, compra chatarra!... Ivan Ivanovitch, compra sacos de yu- te... Ivan Ivanovitch, compra...”. Siempre vendía con un bene cio del cien por cien. Pronto
se convirtió en un hombre acomodado. La voz le decía: “Ivan Ivanovitch, compra Aceros Bethlehem... Ivan Ivanovitch, compra tabacos cubanos...”.
Cuando ya tenía unos treinta mil dólares, se fue a Las Vegas y se sentó a las mesas de juego. La voz dijo: “¡Ivan Ivanovitch, juega rojo cinco veces seguidas, y dobla las apuestas cada vez!”. Apostan- do mil dólares la primera vez, pronto tuvo treinta y dos mil dólares más.
Entonces se acercó a la mesa de las grandes apuestas, donde la apuesta mínima era de diez mil dólares. La voz dijo: “¡Ivan Ivanovitch, pon todo
tu dinero en el número 7!”. El siete salió, y ustedes mismos pueden calcular cuánto dinero tuvo entonces. Le entregaron enormes cantidades de billetes, en paquetes y bolsas. Entonces Ivan Ivano- vitch se dijo en ruso: “Supongo que debería parar”. Pero la voz insistió: “¡Ponlo todo en el 23!”. Así lo hizo, sin darse cuenta de que esta vez la voz no se había dirigido a él como de costumbre, llamándo- le por su nombre. Y, en el mayor silencio que se recuerda en Las Vegas, la bola rodó dando vueltas por la ruleta, y se detuvo en el 24... “¡Mierda, Ivan Ivanovitch!”, dijo la voz que sí era.
FUENTE: ROBERT GRAVES, LA COMIDA DE LOS CENTAUROS Y OTROS ENSAYOS (TRADUCCIÓN DE LUCÍA GRAVES Y ELENA LAMBEA), ALIANZA TRES, MADRID, 1994.
PALABRAS RECURRENTES
~La cantidad de palabras en
las novelas de Ernest Heming-
way suma más de 865,000; de
ellas, 50,200 son adverbios. En
promedio, por cada 17 pala-
bras que Hemingway escribió
una de ellas era adverbio. ~En
la novela The Hobbit, su autor
J. R. R. Tolkien usó la pala-
bra él alrededor de 1,900 veces. ¿Cuántas veces ella? Una. Al principio, al referirse a la señora Bilbo. ~En sus catorce novelas, Joseph Conrad usó la palabra él tres veces más que ella. ~Por cada 100,000 palabras Vladimir Nabokov usa cerca de 460 palabras que se re eren a un color. Es un promedio altísimo. Los mismos colores aparecen sólo 115 veces por cada 100,000 palabras en el Corpus of Historical American English. ~Palabras que más indican género en las novelas clásicas. MASCULINO: Jefe, trasero, civil, más grande que, absolutamente, enemigo, colegas,
rey, público, contacto. FEMENINO: Almohada, encaje, rizos, vestido, porcelana, falda, cortinas, copas, sábanas, “se encogió de hombros”. ~D. H. Lawrence es quien más ha utilizado símiles de animales en
su obra; en sus doce novelas, por cada 100,000 palabras hay símiles de animales 22 veces. ~En 1989 el libro de Stephen King The Dark Half superó todos los casos previos en que el nombre del autor era más grande que el título; en este libro
el nombre Stephen King ocupó el 47% de la portada. ~Ray Bradbury declaró que su palabra favorita era “canela”; sin embargo, la palabra
de una especie que más veces  gura en su obra es “hierbabuena”: un 50% frente al 6% de “canela”. ~Las tres palabras qué más aparecen en la obra de Jane Austen son civilidad, imaginarse e imprudencia. En Agatha Christie: pesquisa, coartada y espantoso. En Harry Potter de J. K. Rowling: vara, mago y poción. ~Los clichés que algunos autores han usado con mayor frecuencia en sus obras. Isaac Asimov: “Es historia pasada”. Jane Austen: “Con todo mi corazón”. Ray Bradbury: “A  nal de cuentas”. William Faulkner: “Tarde o temprano”. James Joyce: “De lo sublime a lo ridículo”. Vladimir Nabokov:
“En pocas palabras”. Salman Rushdie: “La gota que derra- mó el vaso”. J. R. R. Tolkien: “Justo a tiempo”.
FUENTE: BEN BLATT,
LA PALABRA FAVORITA DE NABOKOV ES MALVA. LO QUE LOS NÚMEROS REVELAN
SOBRE LOS CLÁSICOS, LOS BESTSELLERS Y NUESTRA PROPIA ESCRITURA, SIMON & SCHUSTER, NUEVA YORK, 2017.
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